De otra boca, pero compartiendo pensamientos
Este texto lo encontre hoy leyendo los pensamientos de una amiga, a quien por sierto admiro a la hora de escribir, cosa que a mi muy bien no me sale.. Estuve leyendo un monton de historias, si asi podemos llamarlas, o textos, como prefieran, donde de pronto encontre este que me llamo mucho la antención, con el que me encontre profundamente identificada frente a hechos vividos recientemente..Aplicandole yo un par de cambios lo transcribo a continuación.. Espero les guste, a mi me encanto.. Aqui vamos:
"Días atrás tenía sueños, ilusiones que se desvanecían a mi alrededor antes de completarse, una cobarde incertidumbre por saber lo que se aproximaba y que nadie le pusiera fin a la desesperación, pero la desesperanza en este caso no llegó, no se hizo sitio la tristeza ni el dolor, sino una frustración amplia que abarca la totalidad de mis pensamientos y por qué no decirlo, un poco de furia, bronca y despecho que ocasionalmente nublan mi razón. Los finales llegan consecuentes, se arriman en horas tempraneras dejándose entrever en un halo de sombras sobre las luces, se adivina y se percibe lo predecible pero nada puede hacerse, pues se convierte la impotencia en algo sencillamente inevitable y lo único que queda por hacer, es mantener la cordura y no caer en el infantil arrebato de tirar el alma y las ideas por la ventana.
La garganta suelta reproches injustos y reclamos con razón, pero las palabras no se escogen con delicadeza y se termina por decir lo que nunca debió haberse pronunciado, ¿pero quién puede pensar con claridad en medio de la furia? Cada frase llega a los labios como una borrasca de decepción incontrolable que nos conduce por el sinuoso camino de una discusión, en la que se emplean palabras demasiado gruesas para reñir, en la que mirando con los ojos enardecidos de veleidades no sabemos para donde correr, gritamos, hacemos un berrinche, pegamos la media vuelta y después, solo si somos lo suficientemente responsables de nuestros actos, experimentamos la culpa y recogemos del suelo los trozos de nuestro orgullo. Me hablo al odio intentado ser justo y manteniéndose atento en sus cinco sentidos, para decirme una verdad de la que ya había escuchado a otros hablar pero que en ese instante no tenía fuerzas para escuchar, arrojó de su boca una doliente razón para que no siquiera indagando en su silencio, pero hay muchas cosas más importantes que dar explicaciones y seguramente, más interesantes que vestirse de lógica y enfrentarse a lo que uno mismo provocó… lo escuché, pero el sonido de mi alma haciéndose añicos bajo mi piel no me permitió comprenderle de verdad.
Excusas, evasiones, infidelidad, mentiras, y palabras innecesarias para ajustar la soga al cuello y patear el banco bajo los pies, escuchar con rencor y furia mientras la sangre se espesa y comienza a caldear los sentimientos en la hoguera del veneno, ahogando gritos, sujetando los brazos para guardar las manos en los bolsillos y no abofetearnos… después de aquella última historia creí que el desamor no volvería a plantar banderas en mi vida, que finalmente había aprendido a guardar una pequeña porción de mi misma para después, que el alma una vez cicatrizada no volvería a partirse, pensé que ya no correría a mi castillo a refugiarme de la realidad y evitaría todo contacto con el mundo exterior, creí que no volvería a llorar por amor… Pero estaba equivocada, porque no importa cuánto ni cuántas veces suceda siempre duele, aún sin lágrimas se puede llorar, aún existen sonrisas y máscaras para camuflar el dolor, pero las heridas no dejan de sangrar ni de latir; para mí no era la primera vez y sin embargo sentí el peso de mis propias quimeras sobre mi cabeza, experimenté la impotencia de una mano de hierro estrangulando mi corazón, ella triunfó sobre mí y me dio el empujón que necesitaba para saber, que las lágrimas pueden lavar el alma pero no llenarnos el corazón.
Salí a la calle un día después tan solo para darme cuenta de mi libertad, entonces me reí al comprender que no era el quien me apresaba, sino yo misma quien me hizo prisionera de lo que empezó como una obsesión y terminó por convertirse en sentimiento, miré mis manos sin encontrar rastros de las suyas, con la yema de mis dedos repasé mis labios intentando sentir el último beso, queriendo retener su sabor en mi vida, y aún en esta madrugada no me abandona, porque su recuerdo está aquí conmigo, mientras termino de pintar letras negras en esta historia, la mía, la suya, la nuestra… “Los finales son simplemente la excusa perfecta para volver a empezar, y construir otro futuro juntando recortes de la mente y el alma…”.
Ahora ustedes se preguntan que sucederá de aquí en más, y yo seré honesta: No quiero saber, aunque cada tanto piense en el, aunque ocasionalmente me despierte cierta nostalgia, he comprendido que afuera, siempre y sin discriminación, hay innumerables almas que sin advertirlo, pueden meterse bajo mi piel y arrebatarme nuevamente la razón. Lo quise, lo quiero e inevitablemente algunas veces lo recuerde, pero no es mi primera vez, no es un incidente, “yo quería que nos pasara, y tú lo dejaste pasar…”. Hoy me miré al espejo y a carcajadas me reí de mí misma, porque encontré la seguridad que me provoca saber que puedo caerme, golpearme, equivocarme, enojarme, enamorarme, evadirme… pero siempre queda un poquito de inocencia para mirar adelante y saber que todavía puedo pintar un mural de mi vida con recortes de experiencias."
La garganta suelta reproches injustos y reclamos con razón, pero las palabras no se escogen con delicadeza y se termina por decir lo que nunca debió haberse pronunciado, ¿pero quién puede pensar con claridad en medio de la furia? Cada frase llega a los labios como una borrasca de decepción incontrolable que nos conduce por el sinuoso camino de una discusión, en la que se emplean palabras demasiado gruesas para reñir, en la que mirando con los ojos enardecidos de veleidades no sabemos para donde correr, gritamos, hacemos un berrinche, pegamos la media vuelta y después, solo si somos lo suficientemente responsables de nuestros actos, experimentamos la culpa y recogemos del suelo los trozos de nuestro orgullo. Me hablo al odio intentado ser justo y manteniéndose atento en sus cinco sentidos, para decirme una verdad de la que ya había escuchado a otros hablar pero que en ese instante no tenía fuerzas para escuchar, arrojó de su boca una doliente razón para que no siquiera indagando en su silencio, pero hay muchas cosas más importantes que dar explicaciones y seguramente, más interesantes que vestirse de lógica y enfrentarse a lo que uno mismo provocó… lo escuché, pero el sonido de mi alma haciéndose añicos bajo mi piel no me permitió comprenderle de verdad.
Excusas, evasiones, infidelidad, mentiras, y palabras innecesarias para ajustar la soga al cuello y patear el banco bajo los pies, escuchar con rencor y furia mientras la sangre se espesa y comienza a caldear los sentimientos en la hoguera del veneno, ahogando gritos, sujetando los brazos para guardar las manos en los bolsillos y no abofetearnos… después de aquella última historia creí que el desamor no volvería a plantar banderas en mi vida, que finalmente había aprendido a guardar una pequeña porción de mi misma para después, que el alma una vez cicatrizada no volvería a partirse, pensé que ya no correría a mi castillo a refugiarme de la realidad y evitaría todo contacto con el mundo exterior, creí que no volvería a llorar por amor… Pero estaba equivocada, porque no importa cuánto ni cuántas veces suceda siempre duele, aún sin lágrimas se puede llorar, aún existen sonrisas y máscaras para camuflar el dolor, pero las heridas no dejan de sangrar ni de latir; para mí no era la primera vez y sin embargo sentí el peso de mis propias quimeras sobre mi cabeza, experimenté la impotencia de una mano de hierro estrangulando mi corazón, ella triunfó sobre mí y me dio el empujón que necesitaba para saber, que las lágrimas pueden lavar el alma pero no llenarnos el corazón.
Salí a la calle un día después tan solo para darme cuenta de mi libertad, entonces me reí al comprender que no era el quien me apresaba, sino yo misma quien me hizo prisionera de lo que empezó como una obsesión y terminó por convertirse en sentimiento, miré mis manos sin encontrar rastros de las suyas, con la yema de mis dedos repasé mis labios intentando sentir el último beso, queriendo retener su sabor en mi vida, y aún en esta madrugada no me abandona, porque su recuerdo está aquí conmigo, mientras termino de pintar letras negras en esta historia, la mía, la suya, la nuestra… “Los finales son simplemente la excusa perfecta para volver a empezar, y construir otro futuro juntando recortes de la mente y el alma…”.
Ahora ustedes se preguntan que sucederá de aquí en más, y yo seré honesta: No quiero saber, aunque cada tanto piense en el, aunque ocasionalmente me despierte cierta nostalgia, he comprendido que afuera, siempre y sin discriminación, hay innumerables almas que sin advertirlo, pueden meterse bajo mi piel y arrebatarme nuevamente la razón. Lo quise, lo quiero e inevitablemente algunas veces lo recuerde, pero no es mi primera vez, no es un incidente, “yo quería que nos pasara, y tú lo dejaste pasar…”. Hoy me miré al espejo y a carcajadas me reí de mí misma, porque encontré la seguridad que me provoca saber que puedo caerme, golpearme, equivocarme, enojarme, enamorarme, evadirme… pero siempre queda un poquito de inocencia para mirar adelante y saber que todavía puedo pintar un mural de mi vida con recortes de experiencias."
Por Twitty
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